
Hoy te volví a ver después de mucho tiempo. Te veías igual, y distinta. La
misma mujer bonita, delgada, de ojos que se ríen. Pero dejaste atrás tus
poses y tu premura adolescentes, y te convertiste en una mujer sutil y
sofisticada.
Me encantó verte llegar a nuestra cita. Venías tranquila, una paz acompañaba
a todo tu cuerpo, aunque tus ojos irradiaban esa luz que siempre han
regalado a quienes poseemos tickets de primera clase en tu corazón.
Nos abrazamos y nos dimos un beso en la mejilla. Enseguida empezamos la
conversación con una sonrisa dibujada en nuestros rostros. Tuve miedo en
algún momento que notaras la emoción que producía en mí nuestro encuentro.
Pero inmediatamente recordé con quien estaba, y el miedo se esfumó. Estaba
en presencia de esa mujer que había pasado veinte años en la historia de mi
vida, nunca ocupando el rol protagónico, pero estando siempre ahí. De esa
amiga incondicional, con la que compartía casi todos los escasos gustos que
me definían.
Recordé con melancolía esos años en donde en tu fragor juvenil me decías
toda clase de indirectas, siempre bromeando, pero con un dejo de verdad en
todo eso. Ahora tan cambiada y no. Tus formas se han definido de una manera
encantadora, y sin perder la chispa has sabido encontrar el equilibrio y la
prudencia en tus palabras.
Me contaste de tu vida, y estuviste ansiosa en saber de la mía. Preguntaste,
pero sin descaro, y te quedaste callada cuando de temas que sabías incómodos
para mí se trató. Y con mis años, aprecié tu cordura.
Todos tus éxitos profesionales me regocijaron el alma. Tu vida tan difícil
forjó esta mujer en la que te haz convertido. Nunca imaginé menos, pero
confieso no haber imaginado tanto. Tu independencia ya no sólo fue una
palabra que te gustara, sino se convirtió en tu estilo de vida, y eso me
llena de orgullo. Verte así, feliz, plena, segura, tan linda.
Yo me quedé feliz después de verte. Reconozco, que por algún rincón
escondido, deseé regresar el tiempo, y decirte a tiempo todas las cosas que
callé, que no te dije.
El miedo hoy me sabe tan inútil, aunque continúe adueñándose de mis
acciones. Cada uno se fue por su lado, como en todos nuestros encuentros.
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